A pesar de que cada vez más argentinos separan residuos, la infraestructura encargada de reciclarlos trabaja muy por debajo de su capacidad y enfrenta serias dificultades económicas.

El incremento de material reciclado refleja una mayor conciencia ambiental, pero las plantas no logran acompañar ese ritmo por falta de inversión, insumos y herramientas adecuadas. Muchas instalaciones operan con equipamiento antiguo y costos imposibles de afrontar.
Las cooperativas, que cumplen un rol social clave, trabajan a media capacidad por la caída en el valor de los reciclables y por la reducción de programas de apoyo estatal. Esto pone en riesgo la continuidad laboral de miles de recuperadores urbanos.
El sector privado también alerta que, sin medidas urgentes, se paralizarán líneas de producción, afectando la economía circular y la gestión sustentable de residuos.

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