La captura del líder chavista abrió una fuerte interna en el poder venezolano, con sospechas de filtraciones, disputas internas y negociaciones que habrían facilitado su caída.
La detención de Nicolás Maduro no solo sacudió el escenario internacional, sino que también desató una crisis puertas adentro del poder venezolano. En las horas posteriores al operativo, comenzaron a circular versiones que señalan que la información clave para su captura no provino del exterior, sino del propio entramado estatal que durante años lo sostuvo.
Según distintas reconstrucciones, sectores del gobierno y de los servicios de seguridad habrían quedado bajo sospecha por posibles filtraciones, disputas internas o incluso negociaciones encubiertas. La hipótesis de una “entrega interna” ganó fuerza a medida que se conocieron detalles sobre movimientos previos, fallas en los anillos de seguridad y decisiones que dejaron a Maduro expuesto.
El foco ahora está puesto en la estructura de poder que lo rodeaba. Funcionarios de alto rango, jefes militares y operadores políticos aparecen en la mira, en un contexto de desconfianza generalizada y reacomodamientos urgentes dentro del oficialismo venezolano.





