El inicio del Gran Premio de Australia no fue el soñado para Franco Colapinto, quien debió lidiar con una molesta afección visual en su debut oficial con Alpine.
El rugir de los motores en el Albert Park se vio opacado para los argentinos por la noticia de la salud de Franco Colapinto. Entre el brillo de su Alpine azul y rosa y la velocidad de las calles de Melbourne, el piloto de Pilar tuvo que hacer una parada no programada: el centro médico. Una partícula rebelde o el cansancio visual lo obligaron a bajar el ritmo y buscar auxilio especializado.
A pesar de la incomodidad evidente y de ser visto con el rostro cubierto tras la atención médica, Colapinto no perdió su característico temple. «Son gajes del oficio», habría comentado a su equipo antes de retirarse al hotel para descansar. La incertidumbre flota en el aire de Melbourne, mientras los mecánicos de Alpine trabajan en su monoplaza esperando que su piloto estrella reciba el alta definitiva.
Mañana será un día clave. La clasificación determinará si este «pequeño problema» fue solo un susto o si condicionará la primera gran batalla de Franco en 2026. Por ahora, el país entero contiene el aliento, esperando ver de nuevo esos ojos enfocados únicamente en la bandera a cuadros.




