La emblemática firma láctea enfrenta una deuda multimillonaria que mantiene sus fábricas sin producción, mientras el conflicto gremial se traslada a la custodia de la mercadería.

La situación de Lácteos Verónica ha alcanzado un punto crítico tras la paralización total de sus actividades productivas. Según registros del Banco Central, la compañía ha acumulado cerca de 4.000 cheques rechazados por una cifra que supera los 13.600 millones de pesos. Esta asfixia financiera no solo ha detenido la cadena de pagos, sino que ha dejado a cientos de trabajadores sin cobrar sus haberes desde hace meses, profundizando la incertidumbre sobre el futuro de la marca en el mercado argentino.

Ante la falta de diálogo con el directorio y el incumplimiento de los acuerdos alcanzados a principios de año, los operarios han tomado medidas de fuerza drásticas. En la planta de Lehmann, los trabajadores custodian activamente miles de kilos de quesos de alta calidad para evitar que la empresa retire el stock sin antes saldar las deudas salariales. La consigna del gremio Atilra es clara: cualquier salida de mercadería debe ser exclusivamente para generar los fondos destinados al pago de los sueldos atrasados.

A pesar de contar con tecnología de punta —como la ensachetadora más moderna del país—, las plantas de Suardi, Totoras y Lehmann permanecen inactivas. Los especialistas y delegados gremiales coinciden en que la recuperación operativa requeriría el procesamiento de al menos 800.000 litros diarios para recuperar competitividad. Por el momento, la única expectativa de solución recae en una posible venta de la compañía o una intervención judicial que logre destrabar un conflicto que amenaza con la desaparición definitiva de sus productos en las góndolas.

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