Los microplásticos están presentes en el aire, el agua y los alimentos que consumimos a diario. Estas partículas provienen de la degradación de plásticos y de productos de uso cotidiano. Su impacto en la salud aún se investiga, pero genera creciente preocupación.
En el hogar, el polvo es una de las principales fuentes de exposición. Los expertos recomiendan limpiar con paños húmedos y mantener una ventilación adecuada. Estas prácticas ayudan a evitar que las partículas queden en suspensión.
Además, sugieren evitar calentar comida en recipientes plásticos y reducir su uso en la cocina. Optar por vidrio, madera o acero inoxidable puede marcar una diferencia. La prevención cotidiana es clave para limitar el contacto con estos contaminantes.




